Entradas

Imagen
DICEN QUE EL VIENTO Dicen que el viento es el soplo de los dioses. Que tiene forma de nube, ojos y cachetes grandes, y puede envolver en tornados de distintos nombres,  cuentos e historias. Dicen que el viento nos achina los ojos para que el polvo no lastime las formas de mirar.   Dicen que el viento nos hace doblar el cuerpo y  abrazarnos para dar  pasos con más fuerza.   Pero también  puede arrastrar casas, colinas y dejarnos desnudos a kilómetros de distancia. A la intemperie,  en soledad y a la merced de una nueva tempestad.    ¡Pero qué imprudente puede ser un temporal que así, repentinamente, nos recuerda, como un viejo amigo soplón, de dónde venimos!.   Debe ser que no nos perdona  el instinto de renacer. Ni la memoria deformada,  ni la manía de hallar nuevas emociones en los recuerdos, cual tesoros en relatos fantásticos o de terror.   Debe ser que el viento juega con nosotros a las escondidas y...
Imagen
LEJOS AULLIDOS CERCA (cuento corto finalista del Concurso literario APAIB 2020 - 11 pags) Primero lamieron sus manos, con el tiempo también sus lágrimas y luego, cada vez más, sus heridas.       Los padres de Berta no la dejaban tener una mascota. Pero no les molestaba que saciara su deseo saliendo por el vecindario a buscar perros vagabundos para darles de comer. Ella comenzó a salir a los dieciséis años a alimentar a los perros solitarios que encontraba en el barrio. Sus padres solo se preocupaban cuando tardaba en volver, pero después se tranquilizaban cuando ella regresaba a su casa y contaba que se había quedado con un par de perros en la plaza, porque les costaba dejarlos. Su madre, impecable hasta para estar de entrecasa, la mandaba a lavarse inmediatamente y no se hablaba más del tema.  Berta cada vez se tomaba más en serio su tarea de ir a llevarles sobras de comida a los perros. A veces, hasta comía de menos para asegurarse una porción para “sus c...
Imagen
SIN AGUA Me quedé sin agua en casa. Pretexto hermoso para el mensaje. Engañoso. Y esperar el tuyo. Ya lo sé. No vas a solucionar nada más que satisfacer mi deseo de escuchar tu voz grave, algo afligida, con esas pausas ... Ay! esas pausas tan desconcertantes e inútiles vía WhatsApp...  Los latidos de mi corazón sometidos al ritmo de tu respiración.  Tus palabras quebradas son como un crujido de animal en celo para mi,  en este momento.   No me interesa el contenido si no la forma, los pliegues,  el aire que usas para cada sílaba.  Oh qué importan las palabras!?  Callate y sé solo sonido. Me quemo por dentro, siento una implosión.  Y mientras te escucho abro la boca como una babosa arrastrándose  en un desierto.  Me hablas de por donde debería correr el agua, me preguntas y repreguntas lo mismo. Me aburre y dejo de oírte.  Solo pienso en tu lengua moviéndose dentro de tu boca y me la imagino dentro de la mía.  Escucho tu vo...
MARI EN PRIMERA PERSONA - “Mucho zapatito, mucho zapatito… y me falta trapo de piso, limpia vidrio… yo así no puedo limpiar bien. Después me dice: “Maaari… vos limpiaste acaaaaá…?” se hace a la boluda la Señora..., ella sabe que limpié, pero, como no le gusta como quedó… me pregunta y yo limpié, como yo sé, pero odio limpiar los vidrios. A mí me gusta doblar la ropa…. Si tengo tiempo hasta las bombachas le doblo…. Le ordeno los placares… y me gusta mirarle la ropa, doblarle bien todo, las remeras, los pulloveres que yo sé que en un tiempo me va a terminar dando…  porque ella me regala muchas cosas, y yo le agarro todo porque también le paso a una hermana que tengo que es alta como ella y todo le queda bien.  Tiene mucha cantidad la señora, a mí me da lo viejo, lo que ya no usa, pero después de unos días, me pregunta si me lo probé, si lo voy a usar y después de más tiempo, me dice, así como nada. “Nunca te vi la remerita esa que te di con el voladito acá… la usas? o “no te ví...
Imagen
DANZAS Ayudé a mi mamá a recostarse sobre la dichondra fresca. La invité a sentir toda la espalda apoyada y me arrodillé detrás de su cabeza. La tomé con las manos desde su nuca y  la estiré hacia mí para  volverla a apoyar. Y así con los brazos, las piernas.  Ahora ella estira y levanta una pierna y luego la otra, sorprendida de sus propios movimientos. No respeta mucho los tiempos, ni  las respiraciones que intento inútilmente acompasar con las mías. Más bien es su propio devenir de movimientos, su propia danza lenta,  incorrecta y gozosa que interrumpe de repente: "Mirá cómo se entrelazan las ramas de éste árbol con aquel otro de allá"  - dice mi mamá mientras sigue con la mirada las nervaduras  para sorprenderse de tamaña voluntad de cruzamientos.    Ya no hace ningún movimiento. Es que se quedó embelesada mirando las copas de los árboles que desde sus diferentes alturas se las ingenian para unirse y orquestar un  refrescan...